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| Helen y Matt Sullivan |
“Pasado ese tiempo yo, Nabucodonosor, elevé los ojos al cielo, y recobré el juicio. Entonces alabé al Altísimo; honré y glorifiqué al que vive para siempre… Recobré el juicio, y al momento me fueron devueltos la honra, el esplendor y la gloria de mi reino…. Por eso yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del cielo, porque siempre procede con rectitud y justicia, y es capaz de humillar a los soberbios” Daniel 4:34, 36-37
En el Antiguo Testamento, existen muchas historias de fe y obras admirables, pero las de mayor impacto son aquellas donde hombres y mujeres luchan por regresar de sueños rotos, falta de esperanza y una fe hecha pedazos. Cuando hablamos de restauración, la historia de Nabucodonosor es una de mis favoritas.
Encontramos a Nabucodonosor en el tope de su gloria cuando Dios permite que el reinado Babilónico conquistara el mundo entero conocido hasta ese entonces. Sadrac, Mesac, y Abednego caminaron por las llamas y el rey vio el poder salvador de Dios. Él se hace un creyente e inicia un movimiento en su imperio para adorar a este increíble Dios que salva, porque “¡No hay otro Dios que pueda salvar de esta manera!” (Daniel 3:29) Al transcurrir el tiempo, Nabucodonosor tiene un sueño terrible y llama a Daniel para que interprete su significado. Daniel aterrado de decirle la verdad al rey. Aunque temía por su vida, Daniel consiguió fuerzas del Señor y como un verdadero profeta debe hacer, le habló la verdad a un hombre que podría haberlo destruirlo. Daniel interpreta su sueño y le hace saber como el orgullo traerá la aplastante disciplina de Dios. Un año después, el rey se jacta en sus logros cuando la palabra viene del cielo. Inmediatamente, Dios arrebata a Nabucodonosor de todo su poder y todo su imperio. Apartado de la gente, se le manda a deambular por el desierto como un animal por siete años. Mientras su vida y sus sueños fueron aplastados, el quedó consumido con desesperanza y literalmente enloquece.
Similarmente, en el Nuevo Testamento, Jesús enseña la parábola del hijo prodigo (Lucas 15:11-32) mostrando el poder de Dios para salvar y Su deseo de traernos a casa. El hijo en su orgullo y auto-dependencia tomo su herencia completa, “juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.” Una vez que el dinero se acabó y la realidad de la vida tocó a la puerta, el hijo regresa a su única fuente de esperanza – su padre. “Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó.” (Lucas 15:20) Déjame contarte la historia de tres personas, que al igual que Nabucodonosor y el hijo prodigo llegaron a conocer al Señor y debido al orgullo y el pecado, han visto la mano pesada de un Dios poderoso. Pero nuestro Dios se trata de restauraciones.
Zak Najor fue bautizado en California en 1998. Como un baterista muy talentoso, Zak se sumergió en una vida llena de viajes, abriendo para grandes espectáculos como el de Dave Matthews Band, James Brown y Snoop Doog. Después de viajar en gira por un periodo de casi tres años Zak se alejó de las escenas de fiesta, pero la falta de amistades profundas en el reino, la inconsistencia en su caminar con Dios y el amor por el dinero cobraron su peaje. Zak se convirtió en un discípulo tibio y se mantuvo distante de una vida comprometida a Dios. De manera increíble, otro cristiano alejado de Dios compartió con Zak y lo inspiró a que visitara Portland mientras estaba en una gira. Zak quedó tan inspirado que decidió dejar su sueño secular y decidió renunciar a la gira y a la banda. Desde que Zak fue restaurado ha podido ayudar a un gran número de hombres estudiar la Biblia y ser bautizados. Zak es conocido por la congregación de Portland como un siervo para todos los discípulos, trabajador y muy agradecido.
Tim Le se hizo un discípulo en 1996 e hizo grandes cosas para el Señor. Sirvió a Dios en la iglesia construyendo un Ministerio Asiático en Kansas. Después de caerse de la fe, se mudó a Japón. El pecado de avaricia que dominaba a Tim lo engallaron al punto de pensar que el camino hacia la fortuna estaba en la piratería. Aunque es un talentoso diseñador gráfico, el fue capturado y encarcelado por un periodo de tres años. Como Jonás en la barriga de un gran pez, Tim clamó a Dios diariamente mientras lloraba sobre su Biblia. Después de servir su condena, Tim fue puesto en libertad a principios de este año. Durante estos tres años Tim no se había enterado de la destrucción en nuestra confraternidad y quedó asombrado al regresar a América. Había tanto desánimo y la falta de dirección hacia todo aún más confuso. Pero aún en estos tiempos Tim fue restaurado a Dios. Dios estaba trabajando detrás de las cámaras mientras Jeremy Beck, quien fue conocido y bautizado por Tim, lo contactó y lo animó a que visitara Portland. Después de mudarse aquí, Tim ha entregado su corazón completamente y ahora sirve fielmente en el Ministerio de los Jóvenes.
En 1998 un joven fue bautizado en San Francisco. Después de dos cortos años, la falta de carácter y la debilidad para con el pecado se apoderaron de todo y él decisivamente se había alejado de Dios, negándose a hablar a nadie de Dios, la iglesia o la Biblia. Literalmente huyó al “desierto del pecado” al mudarse a las vegas para poder esconderse. Después de 4 meses y unas cuantas llamadas telefónicas de parte de hermanos fieles, el comenzó a tomar grandes caminatas en el desierto durante el fresco de la noche. Una noche mientras caminaba, se dio cuenta que estaba orando en voz alta acerca de su amargura y dolor. El regresó a San Francisco, quebrantado y dispuesto a comenzar de nuevo, se restauró en menos de un mes. Mas adelante durante este año el a podido ayudar cinco de sus amigos hacerse discípulos, comenzó a liderar una charla bíblica, se ennovió con una hermana increíble, que después se convirtiera en su esposa. El fue testigo en primera fila de la gracia de Dios en la restauración. ¡Yo soy ese hombre! Ahora tengo 40, recientemente fui nombrado Evangelista y dejaré a Portland el 23 de Julio para liderar la increíble Iglesia Cristiana Internacional de Phoenix.
Regresando a nuestra historia de Nabucodonosor, después de siete largos años, el levanta sus ojos al cielo y finalmente le da la gloria a Dios. Justo como se le fue prometido, Dios restaura su sanidad, honor y su reinado por completo ¡y lo hace aún más grande! ¿No es ese el corazón de nuestro increíble Dios? Para Dios sea toda la gloria por su corazón hacia nosotros, un corazón para restaurar lo que se había perdido.
Matt Sullivan








